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América Latina celebra sus dos primeros siglos de vida republicana.
El año 2010 no sólo dejará algunas elecciones importantes y la fiebre del Mundial de Fútbol, sino también muchas celebraciones –y la reflexión correspondiente- sobre los acontecimientos que iniciaron los procesos de independencia de España.

200años atrás, una suerte de convulsión política y social atravesó gran parte de lo que entonces se llamaba la América española. Mientras el ejército napoleónico seguía controlando la mayor parte de España y gobernaba el país a través de un gobierno títere, lo que quedaba del antiguo orden imperial intentaba manejar a distancia, y con sus poderes seriamente disminuidos, los inmensos territorios que había conquistado desde el siglo xvi al otro lado del Atlántico. Luego de décadas de agitación, de movimientos autonomistas reprimidos y de reformas económicas, la Corona española estaba seriamente en problemas. Y los hombres –más tarde considerados en sus países “los padres de la Patria”– que en sus colonias americanas habían estado esperando el momento de independizarse de ella, entendieron que la hora había llegado.
Las Cortes de Cádiz, aquel breve intento más o menos republicano de reformar España que duró mientras duró la invasión francesa de la península ibérica, justo acababan de proclamar la igualdad de derechos entre los ciudadanos libres de España y de las colonias americanas, cuando estallaron las sublevaciones, meses antes de que las autoridades coloniales aplastaran revueltas en La Paz, Quito y el Alto Perú, lo que hoy es Bolivia. El 19 de abril de 1810, los blancos criollos convocaron un cabildo en Caracas y depusieron del mando al capitán general español, al que decían no reconocer pues no representaba al rey sino a una potencia invasora. Acto seguido, declararon que Venezuela pasaba a ser independiente y prohibieron el tráfico de esclavos, entre otras medidas. Allí estalló una guerra civil que duraría dos años, al final de la cual un poderoso terremoto y una crisis de gobernabilidad acabaron con la primera república venezolana.
Lo que pasó el 19 de abril en la entonces minúscula Caracas generó un efecto dominó en la región, pese a la lentitud con que en aquella época se distribuían las noticias. El 22 de mayo, en Buenos Aires, desconocen a los representantes de España e inician una guerra en Argentina, Bolivia y Uruguay, que se prolongaría también por mucho tiempo. El 20 de julio, en Bogotá, un cabildo abierto depone al virrey Amar y Borbón, nombra una junta de gobierno, convoca un congreso de todas las provincias y libera al patriota Antonio Nariño. El 16 de septiembre, en México, el cura Hidalgo inicia una revuelta, elimina los impuestos a los negros y los indígenas, confisca las tierras de los europeos y forma un ejército rebelde. Dos días después, al otro extremo del continente, en Santiago de Chile, los patriotas que dos meses antes habían destituido al capitán general nombran una junta de gobierno y convocan a elecciones para un nuevo congreso independiente.
Varias ciudades se unieron a los movimientos independentistas. Otras más, en cambio, se opusieron a ellos. Hubo cruentos enfrentamientos, pero también mucha creación de pensamiento político, intentos de redactar leyes republicanas, medidas que en muchos casos eran verdaderos actos de justicia. La independencia tardó en llegar y costó mucho. Pero ese año empezó el camino hacia ella.
Celebraciones en grande
Hoy no queda ninguna colonia española en América, sino repúblicas soberanas que con distintos grados de desarrollo y estabilidad discuten todavía consigo mismas sobre el cómo salir adelante. En todas ellas, se han estado preparando por años muchos actos de conmemoración de los acontecimientos, y naturalmente han surgido concursos de ensayo, documentales de televisión, ediciones especiales y muchísima cobertura en los medios no sólo sobre lo que ocurrió entonces, sino sobre el balance que cada país puede hacer en el bicentenario de su proceso de independencia.
De manera que ha habido, y habrá en lo que queda del año, espacio para los fastos, las fiestas, la polémica, los lamentos y; también, el orgullo.
Se creó una instancia internacional, el Grupo Bicentenario, que coordinará las agendas de celebración de las naciones que conmemoran su independencia entre 2009 y 2011: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, España (la independencia de la invasión napoleónica), México, Paraguay y Venezuela. A estas alturas, ya han comenzado las conmemoraciones en algunos países. Venezuela celebró el día con fiestas en plazas y un gran desfile militar en Caracas, en el que participaron militares de los países aliados del Presidente, como Cuba, Bielorrusia, Libia y Bolivia.
Un clima muy parecido de división política, reflejo directo de la actualidad del país, caracterizó las conmemoraciones en Bolivia; el año anterior, más modestas dada la economía del país y marcadas por la tensión entre gobierno y oposición. En Ecuador, el gobierno planteó el Bicentenario como la ocasión para realizar una nueva revolución que trajera “una verdadera independencia”, pero además hizo conciertos en varios puntos del pequeño país andino.
En Argentina, se celebró en febrero un espectáculo con 600 personas en escena, en la ciudad costera de Mar del Plata, entre muchos eventos culturales y deportivos en todo el país, como regatas, competencias ecuestres. La agenda del Bicentenario argentino es enorme, e incluye la oportunidad de presentar toda la historia del país en la feria del libro más grande del mundo, la de Francfort, donde este año Argentina es el país invitado. En ocasión de los dos siglos de independencia, los argentinos han estado ocupados revisando su historia a través de la moda, la producción industrial, el folklore, la política, la economía y muchos asuntos más, mediante exposiciones, libros, conferencias y películas.
En Chile, emprendieron una agenda similar y restauraron la primera bandera independentista, aunque naturalmente el terremoto de febrero obligó a hacer algunos cambios en el programa. Se compusieron canciones para la ocasión, en una agenda muy musical que comenzó con un gran concierto coral el 26 de septiembre de 2009. Colombia también lanzó un nuevo himno y prepara un gran concierto en Bogotá para el 20 de julio, con las mayores estrellas del país. La agenda empezó el año pasado, igual que en Chile, con eventos musicales, una feria gastronómica y varios programas académicos. Antes de todo eso, hubo un debate entre historiadores durante tres años, en cuanto a cuál era la fecha en la que debía conmemorarse la Independencia.
Sin embargo, más allá de los inevitables desacuerdos, el Bicentenario permitirá a la mayoría de los latinoamericanos preguntarse sobre el rumbo de sus países, pensar un poco sobre cómo han hecho las cosas desde la Independencia. Ese es el espíritu de parte del trabajo que se ha hecho en los medios regionales. History Channel emitió una serie de diez capítulos, Unidos por la Historia, en la que entrevistó a 66 personas, entre ellos cantantes como Franco de Vita y Carlos Vives, sobre la emancipación de España y sus consecuencias. CNN en Español programó una cobertura especial de cada uno de los programas de conmemoración. Hay muchas cosas que decir sobre esas fechas, y la discusión se prolongará, junto con las celebraciones, hasta 2011. Otros bicentenarios se celebrarán en los años posteriores; ojalá que cada uno sirva para que cada nación se reconcilie consigo misma y encuentre el modo de conversar sobre sus problemas en paz y en libertad.
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